Prevenir el trastorno de sueño infantil con homeopatía

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Los trastornos del sueño infantil no tienen una edad determinada. Algunos niños desde muy temprana edad tienen problemas para conciliar el sueño por miedo a la oscuridad o a las pesadillas. Sin embargo, estos problemas también pueden aparecer cuando ya son más mayores y acuden al colegio, debido al exceso de actividades, al nerviosismo, a las preocupaciones escolares, entre otros factores.

Para evitar estos problemas es importante que los padres regulen los horarios de acostarse de los niños, hacerles ver que no es un castigo, sino todo lo contrario, hablar con ellos y calmar su agitación en el caso de que le tengan miedo a la oscuridad. Sin embargo, en ocasiones estos trastornos persisten y puede resultar útil recurrir a medicamentos.

En estas situaciones, el tratamiento con medicamentos homeopáticos puede aliviar los síntomas del niño, incluso desde el primer mes de vida, y ayudarle a dormir. Son eficaces para los trastornos con despertares nocturnos como pesadillas o miedo a la oscuridad, en donde demuestran una gran rapidez. También para los trastornos del sueño como consecuencia de circunstancias emocionales particulares o los producidos por el nerviosismo diurno, en los casos de niños con muchas actividades o irritables.

Si los trastornos tienen un componente psicológico, debido a problemas escolares o familiares, el medicamento homeopático permitirá acompañar al niño durante este difícil periodo, mejorando la calidad de su sueño, y por lo tanto, disminuyendo su nerviosismo.

A la hora de tratar a lo más pequeños, una de las principales ventajas de los medicamentos homeopáticos es la seguridad. El tratamiento homeopático tranquiliza sin producir somnolencia residual, ya que no contiene antihistamínicos, y existen presentaciones libres de etanol, lo que permite un uso prolongado.

Otra de las principales ventajas de los medicamentos homeopáticos frente a los convencionales radica en que su forma farmacéutica, bien en gránulos, pequeñas bolas de sabor dulce que no necesitan agua para su administración, o bien en jarabe, también de sabor dulce, permite elegir la presentación más adecuada en cada momento evitando así el rechazo del niño.